<<No sé si han pasado diez días,
un mes, diez años... pero sigo vivo. Una vez tuve un sueño
compartido, aunque con el transcurso de los momentos descubrí que sólo
era mío. Desde entonces no creo en el tiempo, ni en el futuro, porque éste
último no sabe existir. El pasado sólo es un verdugo que te enseña
a escuchar las voces que gritan a tu presente. Eso de recordar es una
mentira, porque realmente nunca llegamos a olvidar. Es más, recordar significa 'volver a pasar por el corazón', así que hay que ser lo suficientemente fuerte como para que ese paso no sea doloroso.
Me pregunto, qué tal dormiste la noche anterior a tu suicidio, y qué se siente al hacer brotar ese espíritu perdido, adolescente. Hace unos días nos fuimos al bosque aquel, ese pedazo de tierra que han respetado los jefes para presumir de 'zonas verdes'. Nos manteníamos vivos cada vez que sonaba una canción o empezaba a llover. Tú el humo que crecía hacia el cielo, y yo el fuego que se consumía a sí mismo y te daba la vida, el mismo carburante que vivía para morir y darte aliento. Lo nuestro trataba de la fuerza con la que nos quisimos bajo el escenario social. Escuchando los versos feos que escribí te deshacías entre mis manos como si fueses dulce miel, y yo creía que era feliz en esa existencia.
Qué triste es leer lo que escribo. De mi bipolaridad, el que está sólo a la altura del flexo no vale la pena. No se. Mientras lees esto yo me alejo de mí mismo para hablar con un fantasma llamado pasado; tú intentas comunicarte, pero evitando el dolor, con un cadáver que vive para los demás. ¿Qué quieres aprender ésta noche? Yo sólo sé hacer corazones con forma de caja para juguetes rotos, y no se me da muy bien. A veces, mayormente, tienen fugas, pero el jefe me perdona porque sabe que mi intención es buena.
Las grandes historias suelen empezar en verano. Eso implica que la historia anterior ha de morir a finales de Junio. Éste invierno está siendo bastante frío, y el verano aún está lejos, parece que nunca llegará. Quizá queden diez días o diez años de invierno. Cuando salgo a la calle, el frío corta la respiración a cada paso y se agradece, pues te hace valorar todo lo que viene a ser esta existencia.
Podría intentar volver a mi mundo, a pesar de que nunca he tenido uno. Sería construirlo desde cero y no soy tan bueno como para hacerlo. Eso sí, soy experto en dar alas para salvar a quien lo necesite, mientras yo camino por una tierra en su apocalipsis, buscando mis alas a mi manera. Y, ¿sabes? ese camino se desarrolla dentro de uno mismo. Quizá esa sea mi función, vivir dando alas a la gente mientras recorro este infierno hacia un verano totalmente desconocido.>>
No hay comentarios:
Publicar un comentario