jueves, 8 de mayo de 2014

Papelera (De las cartas perdidas en un cajón, nº.4).

     ''Sabes, cuando estoy sólo me gustaría decirte muchas cosas, demostrar que sirvo para algo más que respirar el mismo aire que tú espiras o rellenar un hueco en tu grupo de amigos.Muchas nubes se han descargado desde la última vez que me descargué yo y, sinceramente, muchas tormentas han de venir para que tal fenómeno se repita, porque hoy he aprendido tres lecciones:
     -Nadie pudo entender ninguno de tus pensamientos porque eres un reflejo oblicuo a ojos del mundo.
     -Allí donde antes vibraba la piel hoy sólo corre el viento propio de una mañana de Febrero.
     -La poesía te echa de menos porque no conseguimos hacerte inmortal.
Podría añadir el desdoblamiento que padezco desde mis quince años, pero esa es una evidencia que ya descubrí hace tiempo.

martes, 6 de mayo de 2014

Cubo (De las cartas perdidas en un cajón, nº.3).

''La vibración reverberante del viento es el idioma de esa serpiente llamada silencio.''


   ''-¿Para quién escribes?
     -Para mí mismo.
     -Te lo volveré a preguntar de otra forma: ¿por quién escribes?
     El silencio cayó en la sala como la niebla propia de las mañanas febriles del mes más enfermizo del año. H' se mantuvo sentado con la cabeza baja, respirando por inercia y taconeando el suelo levemente.

     Cuando entró a la habitación, tuvo la certeza de hallarse en un lugar perfectamente simétrico y cuadrado. El ambiente pesaba debido al calor exudado por las paredes rojizas, manchadas de sombras itinerantes que conferían una tensión tribal, casi bélica. Las ideas, pensamientos o emociones se triplicaban con suma facilidad. Una lámpara carnosa, que variaba su intensidad regularmente iluminando la mesa macilenta sobre la que H' apoyaba los codos, pendía del cable azulado que la conectaba al techo. No existía puerta alguna, y si así fuere, H' no recordaba haberla cruzado en ningún momento. De ser así, habría dejado constancia de ello en sus memorias. Asimismo, su estado de conciencia era ambiguo, pues se sentía parte de algo más grande. Parte prescindible de algo mucho más grande.