Estos son los motivos por los que luchamos. Estos son los cimientos de mi guerra interna. Ven, a tu infancia y vejez para aprender cómo vives ahora. Hay alguna revolución en los escombros que parece hablar de un tesoro que sólo contiene la voz embravecida por el viento. Hay un barco de velas rojas que trae soldados sin patria pero con la misma bandera. No hay enemigos en la costa, pero la línea enemiga se ve a lo lejos. No pertenecen a ningún país, son libres de escoger su pecado que, al fin y al cabo, le reserva la misma estancia en el infierno. Y entre todos ellos hay uno que destaca por no ir armado.
La novia de todos los adolescentes jamás lo ha besado pero conoce el sabor de sus labios. Es libre de intentar alguna escapatoria, está bien aprender a caer de cierta manera. Sueña que antes de esta travesía fue constructor de versos que no leía nadie. Nunca vio el comienzo ni el fin de su vida, pues odió su niñez y se interesó poco por aquella invención de los humanos llamada destino. O futuro, que viene a ser la misma ola rompiente en la proa del barco.
Éstos son los motivos por los que morimos. Madres que pusieron parte de su alma para formar la nuestra, padres ausentes en los momentos necesarios para hacernos aprender que debemos luchar nosotros solos por defender lo que nos pertenece por derecho y esfuerzo.
Sólo los actores disfrutan ésta guerra, pues para ellos es otra función más que representar. ¿A dónde van los personajes de las obras que nadie lee cuando se cierra el libro? Son tinta cada vez más gastada, que no pueden hacer nada por despertar. Esclavos del papel como lo soy yo ahora, confuso frente a un mundo idiota con más problemas que soluciones, personas tóxicas que pretenden supuestas limpiezas étnicas... y me vuelvo a despegar del comienzo.
Ese soldado viaja de guerra en guerra, siempre interna. Obligado a tragarse los recuerdos cuando ve viejas fotos que reflejan rostros antes queridos y hoy perdidos, quizá muertos o a saber dónde se encuentran. Salió del pozo a una edad tardía y sintió el vértigo recorrer sus venas, una vida rápida difícil de seguir con demasiadas caras y enamoramientos fugaces que duró la friolera temporada que son de tres años.
Y ahora lo que queda es vivir poco a poco sin ser autocomplaciente, creyendo en ti mismo pero dudando de la eficacia de los conocimientos y armas que te proporcionan, más aún si te las regalan. Bien, te creeré, pero no lo hará mi razón, que se guarda de ser encadenada por tus esposas oxidadas, esas que me quieren robar tiempo de sueño.
Cómeme mientras esté caliente, que al helarme hasta dudaré de la existencia de mi sombra. Es difícil ser el hombre que quieres que sea y aparentar otra personalidad, para mi vacía. Y eso fue ese soldado, patriota del mar, la madera, las velas y el viento, que se siente querido cuando sopla el viento. ¿Cuando me pediste opinión acerca de la dirección que tomará nuestra vida? ¿Cuando darás un suspiro a éste alma cansada? Sigo esperando esa respuesta, aún tengo papeles mojaos' sobre los que escribir esa historia sobre un pirata que no vale nada.