martes, 16 de julio de 2013

Éter

Nota: Esto es lo que pasa cuando llegas a casa un poco fumado (dentro de lo saludable) y te da por escribir. Perdón por la confusión del texto.


     <<Para evitar que se derroche el silencio, que las noches extiendan más magia. Hay que disfrutar este puto silencio porque es el lenguaje del corazón. Que los días pidan perdón por estar muertos, pues en esta jungla de cemento sobra fauna necia y falta flora sincera; por desgracia sólo se aprecia el color de la piel y se ignora el color del dolor en los ojos del amor. Aquí sólo se transmite indiferencia ante el pobre que profesa libertad en tu cabeza y se cree con fe ciega al dirigente que teme a su gente. Se le llora a una existencia superior o a una burda ciencia que mueve una tierra rebosante de sentimientos ignorados. ¿Y por qué se les ignora? Porque duelen. Y yo amo ese dolor porque me muestra que estoy vivo, me nutro del lenguaje del corazón porque el corazón somos todos, soy yo mismo. Y eso es lo que nos diferencia al filósofo del falso sabio, al asceta del profeta y al hijo natural del hijo de un dios artificial. Y es todo esto lo que vive tras la piel de un chaval inexperto en el bello arte de respirar algo más que aire. Yo busco la verdad dentro de mi, el otro busca su riqueza en tus bolsillos. Ante todas estas sensaciones y realidades, se nos abre un nuevo mundo.

     Duras estable lo que las lágrimas cuando se las lleva el cierzo profundo del norte, quieres cantarle a la libertad pero temes el toque de queda impuesto por la campana dorada que preside ésta bóveda estrellada donde nosotros sólo somos estrellas fugaces que colisionan como guiadas por un magnetismo carente de lógica. Es entonces cuando yo pierdo el equilibrio al sentir que no estoy sólo, al pasar de dar mis momentos de vida a ser dos desconocidos que temen volver a ser niños. Aquella noche llovieron trozos de mí mismo mientras veías ese espectáculo que se te antojaba maravilloso. La vista es distinta cuando caes ardiendo directo al mar de la duda. Quizá soy demasiado bobo por haberme lanzado a tu boca de lobo, pero quien no arriesga ni pierde ni gana la partida que el Ser tiene amañada.

     Han pasado infinitos momentos llenos de la nada y aquí vuelve el chico despistado que escribe volúmenes enteros sobre nada en concreto para intentar explicar de qué va todo esto. Creo que nunca se fue. Y es que ese joven vive una aventura en el universo que compone su alma. Así pues, ese joven aprende que caben en el reino de los corazones tantas almas como vidas pueden alumbrar sus ojos si permite la entrada de la vida a su existencia. Respirará la quintaesencia conocida como éter y recibirá las alas que lo ayudarán a sobrevolar el Árbol de la Esperanza, únicamente habitado por el loco, el borracho y el niño. En las raíces del árbol se ve a la masa, que jamás alzará los pies del suelo, pues su lastre es la Historia del Prejuicio y el Miedo.

     Creará ese joven ilusiones donde antes la tierra yerma negaba la vida, repoblará su mundo, pero sufrirá, incansable, el dolor que supone desgajar su corazón para repartirlo a todo lo existente. Vomitará las palabras al ritmo del pecho y sentirá el vértigo que acaricia su espinazo y desarrolla una intensa vibración en el alma. Su filosofía se basa en nacer conforme va creciendo y morir en el momento exacto para recordar que es aquel que vierte su vida intentando curar a un mundo cruel que quiere arrancar al resto de personas de los brazos del Amor.

     Y por eso ese joven sufre, porque reconoce toda esa realidad social del primer párrafo, porque aprende de la experiencia del segundo, y porque cuando entiende que ser un héroe supone estudiar su propio corazón comienza la aventura más dura que se pueda imaginar. Pero en esa aventura, 'el espíritu es la espada y la experiencia la piedra de afilar'.>>

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