Un árbol y su sombra, salir a la lluvia sin paraguas, hermanos de otra
raza, amores fugaces, poemas sin musa y un mundo idiota. Somos el combustible
de la revolución. No hay poeta sin diferenciación personal a ésta sociedad
naturalmente inadaptada. ¿Y tú por qué lloras? ¿Merece la pena? ¿Te valoran?
¿Si tanto odias odias, por qué sigues vivo? Sólo soy otro rostro que olvidar
cuando te cruces por la calle, pero mis palabras siguen alimentando al aire y
calentando al viento. Naces y te obligan a crecer en su entorno. Si pierdes el
cauce serás un estigma que borrar. Que nadie hable, dad silencio y escuchad
cómo gira el mundo. ¿Cuantas veces habéis pensado que no queda gente buena, que
el egocentrismo rige la existencia? Eso se está acabando. Son modas. La
revolución nos quema, es la juventud quien más aporta a este movimiento, y es
imposible erradicarla. Jamás pasará de moda, pues ese día no quedarán humanos
sobre la faz de cualquier planeta. Vuelvo a lo de antes: naces y te obligan a
crecer en su entorno. Pues perdamos el cauce. Carpe Diem, Carpe Mortem.
¿Quiénes son los autores de los libros prohibidos, de canciones sin grilletes?
Los mismos que en su día navegaron al borde del mundo junto a dragones y dioses
pantokráticos. Los mismos que murieron torturados, quemados, lacerados. Que
fueron obligados a callar. Pienso que estamos en nuestro mejor momento, nos
toca actuar en el anonimato, sin miedo a hablar y cantar con el corazón. Nos
toca vivir en nuestro mundo, el páramo que hemos heredado y que hemos de
convertir en un vergel. Revolución en las puertas del gobierno. Fuerza
intelectual, inteligencia física y pacifismo empático. Gota a gota se hacen las
nubes que cubrirán a todos aquellos que frenan el avance. ¿Dónde está mi gente?
No lo sé, pero sé que existe. Está perdida, con un litro en un parque, una
guitarra desafinada o una voz que no quiere callar. Nos estamos quitando la
venda, y es que si nos obligan a crecer, nos obligan a pensar. No tengo miedo
de hablar porque sé hacerlo, no tengo miedo a moverme porque puedo y mi moral
me ayuda. Estamos ardiendo.
Mañana el amanecer será diferente para los poetas y los guerreros con
fuerza sin rendición ni tregua, luchando por lo que queremos y reivindicamos.
Palabras de combate, poesía que erradica un destino escrito, son días de
cambio, de sacrificio. Son días de empatía, de justicia en ciudades de hielo
que planifican los informativos a sangre fría y te venden lo que les
interesante. Soy pirata de mi propio barco y jamás recogeré las velas.
Mañana el anochecer nos hará aprender un poco más, reflexionar ante el
silencio oscuro de nuestra habitación. No habrá miedo del mañana ni del futuro.
Valoraremos las caricias del viento, los besos una madre, la luz y el agua, el
café de cada mañana. Los recuerdos, el abrazo de un amigo...
Mañana volveremos a nacer con fuerza renovada y siendo energía
inagotable para esa inteligencia creadora que es la revolución.
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