domingo, 11 de noviembre de 2012

Diez minutos de camino


¡Muy buenas! Hoy traigo un texto que escribí mientras iba a darle el pésame a un gran amigo tras la muerte de su abuelo. Ya de por sí comienza con una frase desalentadora, negativa, pero como dice mi padre, 'las cosas no son como empiezan, si no como acaban'. Espero que lo disfrutéis.

'Es como si el mundo nos tuviese asco.
No quiero olvidar, lo veo peor que la muerte, es perder quien eres y desandar tus pasos hasta el útero, para nunca salir. Como si todo tu ser se pasase a tu subconsciente: está ahí, pero es inalcanzable. Ha llovido toda la noche y lo que lleva el día, la calle está empapada, los charcos reflejan un cielo encapotado del que, a lo lejos, se escapa un rayo de sol.
Es verdad, bajo las nubes el viento es más frío.
Y el descenso se hace duro. La fachada del colegio está empapelada con carteles de políticos que han tapado grafittis y símbolos de anarquía. O revolución. Los rostros sonríen al vacío, manchados por el paso del tiempo, la lluvia ácida, suciedad varia, pintura, o están medio arrancados de la pared. Bajando la cuesta hay otro cartel, diferente. El circo ha llegado al pueblo. Es irónico pensar en las diferencias. Cuando uno satisface al pueblo, el otro lo oprime y sangra. A uno le pagamos esperando algo y como buenas personas cumplen, el otro no espera siquiera a que saquemos la cartera para robarnos. Uno atrae la atención del pueblo, del otro no queremos ni pensar en lo que se nos viene encima. Uno es fruto del esfuerzo, del dolor y sufrimiento. El otro de la avaricia,el ansia viva y el egocentrismo. Unos hacen magia y otros mienten. Unos nos cuentan historias fantásticas que nos alegran el día; los otros dan el pan duro y rancio de cada semana. Unos nos piden nuestra colaboración, otros prometen utopías.
¿Las semejanzas? En ambos hay payasos. Pero unos son aclamados, los otros, apenas merecen ser respetados.
Junto a los dos anuncios y en el suelo hay un cuento de niños, roto y mojado. Jamás volverá a ser abierto.
Pero no todo puede ser negativo.
Levantar la vista no es fácil, y tampoco lo es seguir en el agujero durante años. Es verdad, sobre las nubes el sol ciega la vista.
Los bancos del parque están gastados con tantas rúbricas anónimas que demuestran la incultura de la que se ríen nuestros vecinos. Y como bien defiendo en mi filosofía, no puede haber algo sin su opuesto. Al parque llega una niña con su padre y se sube a los columpios, algo esperanzador; tantas máquinas han creado niños zombis en los parques, y en un futuro que se presenta frío y desolado, siempre hay alguien que se sale del contexto, radical y protestante, aunque no sobrepase los siete años ni sepa lo que representan sus actos. En el cielo nuboso hay otra brecha, cada vez es más grande, y el viento se ha cansando de cortarnos los labios. Quién sabe que puede pasar ahora, al fin y al cabo estamos vivos.'

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