Una de las cartas que escribí hace poco para mí mismo:
Antes sufría por sentir que estaba sólo, ahora sufro por ver que estoy con todos, y todos os matáis por estúpidos argumentos. Cuando digo ''todos'' no me refiero sólo a conocidos. Hablo de los que están en una esquina mendigando, hablo de los que estáis arriba malgastando momentos, tiempo, dinero, vidas. Sufro porque el avance es lento y no hay una reacción que nos despierte del sueño social.
Pero mi sufrimiento no es malo, al contrario: aprendo de cada error y lo tomo como enseñanza. Porque no hay más afortunado que aquel que aprende del sufrimiento, ya que esa es la verdadera felicidad. Esta existencia no toma sólo cosas buenas. También hay sufrimiento y hay que aprender de él. Dichoso aquel que sufra y aprenda de cada caída, pues se acerca a la sabiduría más que cualquier otro estudioso o sabio. Así pues, no odies, contribuyes a la decadencia de este mundo. No apliques la Ley del Talión, que como dijo aquel grande ''todo el mundo acabará ciego''.
No sufras en vano. Aprende de cada error y cultiva tu corazón y tu alma. No dejes que el cerebro ponga pegas o excusas, escúchalo lo suficiente como para tomar decisiones en base a lo que tu corazón sienta. Porque tu cerebro te salvará de la muerte, pero tu corazón te hará entender que eres inmortal porque, cuando el cuerpo muera, se dará a la naturaleza, y tu ser ocupará otra entidad en esta u otra dimensión. Y es por eso por lo que somos inmortales, porque somos Uno y vivimos tanto aquí como en el recuerdo.
Y cuando entiendas todo esto, si lo quieres entender, serás feliz, pues todos hemos nacido para ser felices. Este mundo vive bajo el influjo de ese instrumento artificial que hemos creado llamada 'tiempo', y lo concebimos como perecedero. Pero nuestro Yo es inmortal, Uno, Todo. Espero verte crecer hacia aquí, pues tarde o temprano volveremos al principio natural de todo lo existente.''
No hay comentarios:
Publicar un comentario