Me daba miedo asomarme a mi garganta
y ver reflejado, al fondo del precipicio
el pozo de los besos que pudieron ser,
seco.
Está usted hoy en la boca del estómago
con ojos ambarinos y sonriendo
ebria de orgullo y placer,
pero la desidia le cose los labios.
Riesgo es pisar el punto muerto
entre sus sueños y mi pecho,
armado de proyectos confusos,
de sal que cicatrice nuestras heridas.
Despierte, no piense en el suicida que escribe
que la hace inmortal con cada verso
porque, ¿sabe? ya lo somos al nacer,
no hay nada extraordinario en mi palabra.
El problema es que aún sopla este viento,
que sus palabras vacías y necias
llenan mis oídos de pensamientos,
de ideologías débiles y 'quizás' vírgenes.
Pero no importa
lentamente aprendo a seleccionar
mis traumas y pecados
pues sólo yo soy el guardián de mi alma.
Siga buscando su lugar con la mirada
los pies bien clavados a sus ideas,
pero no me pida entender lo irreal
pues cortaré raíces y aprenderé a volar.
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