sábado, 1 de febrero de 2014

Woodstock putrefacto

     Año 2969: Hace poco más de medio milenio, un virus consecuencia de las prácticas de necrofilia en una región estadounidense conocida tiempo atrás como ''Hollywood'' se extendió por el planeta, transformando a casi toda la humanidad en muertos vivientes. Pocos fueron los que pudieron escapar a la pandemia, convirtiéndose así en zombis. Para nuestra tecnología actual es casi imposible encontrar reducto alguno de vida supuestamente inteligente. Es por ello que, doscientos años después de la propagación del virus, los zombis evolucionamos para adaptarnos al ambiente que los humanos se habían visto forzados a legarnos. Nuestras capacidades físicas y mentales mejoraron progresivamente y hoy día, excepto por las diferencias estéticas y alimenticias, podemos proclamarnos como la raza inteligente predominante en este planeta.
Debido a nuestra condición existencial, los conflictos armados, la diferenciación social y la perspectiva para con la existencia es la de disfrutar el día a día. Los historiadores afirman rotundamente que los problemas arriba citados son consecuencia de una sola cosa ya inexistente: dinero. Por ello, al ser nosotros una entidad muerta que no necesita nada para subsistir (de vez en cuando comemos algún que otro animal, esté vivo o muerto), dedicamos nuestro tiempo al disfrute cultural y al libre albedrío post-mortem. Servidor, en calidad de periodista y escritor, asistió junto a unos colegas y amigos al evento más importante de la <<zombicidad>> para realizar un artículo y un borrador el cual utilizará en su próxima novela y expone aquí.

     <<Día 1 de 3 (Viernes): Amanece otro día en la planicie que hace años albergó uno de los festivales más grandes realizados por el hombre: Woodstock. Para celebrar el milenio de aquel mítico evento, se ha decidido congregar a las mejores bandas actuales y con ello disfrutar de tres días de paz, amor y buena música. El cielo limpio de nubes y cada vez más soleado caldea el ambiente, el cual apesta a podredumbre que da gusto, y a nuestro alrededor únicamente podemos apreciar sonrisas (o medias sonrisas, para los que carecen de mandíbula) en todos esos rostros despellejados. Frente a la cancela, que aún permanece cerrada, los zombis están hasta los gusanos de esperar y se quejan con sus gemidos más profundos. Al fondo escucho una guitarra que entona un blues de Mortal Mozarth, un poco más cerca un grupo se divierte saltando a la comba utilizando las tripas de un zombi gordo, y a mi lado Rob enciende un porro y da una calada.
-¿Tienes agua o formol? No deberías fumar sin tener bebida cerca, ya sabes que se te reseca la garganta y luego las pasas putas -le reprendo.
-¡Anda ya! No te preocupes por tonterías -me contesta sonriendo. -Fumo sin beber porque soy un visionario, estoy comprobando si al resecarme por dentro tengo la voz más grave.
-¿Quien te ha dicho eso? -pregunta Ali a mi izquierda -¿Y cómo es que te lo crees? Para conservar casi todo el cerebro pareces gilipollas.
Ambos se ponen a discutir y dejo de escucharlos. Pasa un rato y por fin se abre la cancela: ante nosotros se extiende un campo enorme cubierto de césped y plagado de tiendas de campaña con sus respectivos féretros llenos de formol (para conservarnos mientras estamos muertos), los cuales dudo que alcancen el número de asistentes al festival. Entre todas las carpas hay puestecillos de carne y pasteles podridos los cuales el tendero intercambia por algún que otro bien, mayormente marihuana o agua. Al fondo a la izquierda se alza un escenario gigantesco, donde puedo distinguir figuras corpulentas ultimando los preparativos para la primera banda del día. Un poco atrás veo a Ali y Rob discutiendo menos, este último ya colocado y humeando por diferentes orificios en su cuerpo.
-Tienes que fumar de esta mierda, Zed, es buena y... -me dice Rob antes de entrar en trance. Ali le mete un dedo en el cráneo y remueve la materia gris, haciendo que nuestro amigo se estremezca y reactive. Me pasa el porro y le doy un par de caladas.
-¡Zed! ¿Tú también? Ni siquiera hemos pillado sitio y ya estás fumando. -me regaña Ali.
-Pasa de ella y mue... -Rob se queda bloqueado por segunda vez.
Sintiendo los efectos de la droga, echo a andar para no adormecerme. Ocupamos una tienda con tres ataúdes lo más cerca posible del escenario. Para cuando Ali y yo dejamos nuestras mochilas, Rob se ha perdido fuera balbuceando algo de pillar un poco de LSD.
-Deberíamos encontrar a alguien que nos mate si queremos descansar a la vez, a menos que uno de nosotros se quede en vela y pueda resucitarnos por la mañana. También nos hace falta un plan de organización, saber el orden de las bandas que tocan, tener controlada la situación de algún puesto de comida... -dice Ali.
-Relájate Ali, hemos venido aquí a disfrutar, no a esquematizar cada uno de nuestros pasos -le digo despreocupado.
-Sí, pero hay que tener todo bien organizado si queremos aprovechar todo, y más tú que tienes que hacer un artículo para el periódico.
-No te compliques la existencia, haz como Rob y vive más en vez de pensar menos -la corto.
-Rob tiene cada vez menos cerebro. Como siga así se nos va, y lo sabes.
-Bueno, tú deja de preocuparte por tantas cosas y disfruta más. - respondo dando por concluido el tema de conversación.
Salgo de la tienda y tras un rato largo consigo dos folletos con la lista de músicos del primer día. Al volver, Ali está sentada en el suelo organizando los víveres. Me sonríe y le doy uno de los folletos. Hoy tocan Richie Rotten, Acid Water, Bert Worms, Tim Autopsy... entre otros menos conocidos.
-¿Has visto a Rob por ahí fuera? -me pregunta Ali. Al momento entra el susodicho temblando de tal forma que se le caen trozos de carne.
-Tíos... esto es... colores y rayos, y giros y caídas y colores y... -dice entre espasmos. Ali resopla y me manda cogerlo de los hombros. Lo llevamos a uno de los ataúdes y, al meterlo, debido a los temblores le arranco el brazo derecho sin querer. Del muñón sale una gran cantidad de humo directa a mi cara, por lo que suelto en el ataúd a mi amigo como puedo y corro a por agua. Ali mete el brazo y lo aprieta bajo el formol contra el hombro de Rob, para luego cerrar el féretro. Parece muy enfadada y sale a buscar a un forense. Tras refrescarme, me acomodo en el suelo y me distraigo con las líneas de humo que se escapan del ataúd de Rob. Al poco vuelve mi amiga con un forense al cual le cuelga el ojo derecho, y por su expresión, parece estar bastante colocado.
-¿Qué te ha pasado, hermano? Te veo muy buena cara... -me dice babeando.
-¡Ese no, forensucho barato! -le grita Ali. -¡El que está dentro del ataúd!
-Me llamo Jan, hermana. -responde el forense mientras se dirige al féretro que señala mi amiga. Jan lo abre y se aparta al salir una gran nube de humo del mismo. Cuando se aclara el ambiente, se agacha y observa a Rob.
- Carne y porro aquí camarero, y sácame de esta caja que dentro del formol no se puede fumar -le dice Rob al forense. Jan se ríe tanto del comentario de Rob que vomita al lado del féretro, y Ali se vuelve loca gritando improperios.
     Tras coserle el brazo, Jan nos dice que no va a cobrarnos por el buen rollo de Rob, y nos aconseja que lo cuidemos, que para cuando comience el festival estará fresco como un recién muerto. Ali y yo hablamos durante toda la tarde y consigo que se anime y deje de pensar tanto en organizarnos durante el festival. Cuando cae el sol, Rob comienza a gritar que lo saquemos del ataúd. Al salir, dice que nos quiere y coge las pastillas de LSD que trajo consigo, lo que molesta un poco a Ali. Quito hierro al asunto bromeando y contagio el buen humor a mi amiga, y durante el resto de tarde y noche disfrutamos del mejor festival al que hayamos asistido.>>

     <<Día 2 de 3 (Sábado): Tras una noche de música y drogas intensa, el sol asoma entre las montañas y va despejando la neblina de la mañana, no así nuestro cansancio. Estamos en nuestra tienda de nuevo y Ali cuelga en la entrada un cartel en el cual ha escrito <<Resucitadnos cuando comiencen los conciertos de nuevo>>. Rob no quiere morir, por lo que decide irse a dar una vuelta y conocer gente, y me deja sentado en un puf mientras bebo agua. Como sé que no volverá para resucitarnos, no le digo que lo haga. Ali entra al poco y hablamos de todo y nada mientras enciendo un porro, se lo paso tras dar las dos primeras caladas y acepta fumar. Ella por su parte saca medio pollo crudo de la mochila y nos lo comemos. Cuando acabamos, nos metemos cada uno en su respectivo féretro y morimos hasta que nos avise alguien.

     Atardece cuando un zombi gordo me saca de la muerte y toso formol. Me incorporo y veo al recién llegado, el cual observa a Ali con deseo.
-Que buena está tu amiga hermano, le comía to'l cerebro... -dice con una expresión idiota en la cara.
-Si, ya... ¿quieres un poco de yerba? -le digo. Me mira con sus ojos de estúpido. -En agradecimiento.
-Quiero pollo... tengo hambre... ¿Tienes pollo? -me dice. Rebusco en la mochila de Ali y le doy la mitad que nos sobró esta mañana. El zombi gordo se relame, y vuelve a mirar a mi amiga antes de salir de la tienda. Tras resucitar a Ali, lío un porro y me pongo unas gafitas redondas con la montura fina y oxidada. Justo en ese momento llega Rob, me mira y se ríe, y Ali por su parte dice que me quedan bien mientras se recoge el pelo con un pañuelo de colores.
-¿Quién era el gordo que acaba de salir? Llevaba pollo... ¡quiero pollo! -dice Rob mientras rebusca en las mochilas. -Iba a resucitaros ahora mismo para ir a los conciertos.
-Bueno, ya estamos preparados -le digo. -¿Nos vamos?
-Espera -dice Ali. -¿Llevas pipas para fumar? Y agua, claro está.
-Tranquila hermana, ¡Rob el Drogas controla! -dice Rob agitando una bolsa llena de marihuana.
     Cuando salimos, hay un gran número de zombis andando en la misma dirección. Los conciertos van a comenzar dentro de poco y hay que pillar sitio. Hoy tocan Kill, Carlos Mortandad, Incredible Corpse Band, Swamp, Ungrateful Dead, Creedence Clearwater Deathvival, Janis Burial, Who killed The Who? y los grandes Jefferson Hearse. Está claro que hoy es el mejor día de todo el festival, y como mañana a mediodía hemos de irnos para preparar el artículo para el periódico (es una pena que nos perdamos a Jimi Shroud, que toca mañana) queremos disfrutarlo al máximo. Nos acomodamos cerca del escenario y empezamos a fumar. Ali tose unos cuantos gusanos y pide agua, se la doy mientras Rob da una larga calada y se echa sobre el césped. Me pasa el porro y me dice:
-Mira lo que he aprendido a hacer, Zed.
Acto seguido comienza a hinchar y deshinchar el estómago, y salen aros de humo de su ombligo. Ali y yo lo miramos y nos reímos tanto que atraemos la atención de los zombis cercanos. Se escuchan murmullos y un gran número de ellos nos rodean para ver el espectáculo de Rob. El aludido hace aros y suelta un hilo de humo que luego los atraviesa, y arranca aplausos de su reciente público. Pero el espectáculo se ve interrumpido cuando suena un fuerte solo de guitarra proveniente del escenario. Es Jimi Shroud, que ha decidido adelantar su aparición y abre el día con una versión del antiquísimo ''Himno de la alegría'' compuesto por un humano (cuyo nombre desconozco) hace más de mil años.
     Tras este inciso, se suceden los músicos. Al ser hoy una noche más rockera, más movida, es frecuente que se formen pogos (círculos que los zombis dejamos vacíos para después chocar entre nosotros), en los que Rob y yo participamos. Veo trozos de carne, cerebro, vísceras e incluso extremidades volando de un lado a otro. Conforme avanza la noche va relajándose el ambiente y las bandas tocan canciones más tranquilas. Cuando toca Jefferson Hearse, considerada la banda más hippie de todo el festival, una nube de humo cubre nuestras cabezas. Los zombis empiezan a fumar y a gemir mientras se balancean, parecen volver a su estado primario. Veo algún que otro zombi que rebusca en su tórax y entrega su corazón a su pareja, otros se besan. Comienza a amanecer y vuelvo a donde está Ali, la cual me mira de una forma un tanto extraña. Ha fumado más de lo que está acostumbrada, y se echa sobre el césped. La imito y apoya su cabeza en mi hombro. A unos pasos Rob anda buscando algo y llamándome, por lo que dejo a Ali y me acerco a mi amigo.
-Tío, he perdido mi brazo derecho, necesito que me eches una mano -dice riéndose de su propio chiste.
-¿Dónde lo viste por última vez? -le pregunto.
-Volando sobre la cabeza de un zombi gordo que comía pollo.
-Pues ya sabrá la Parca donde estará...
-Bueno tú busca y si no lo encontramos ya conseguiré una prótesis. Por cierto, ¿qué tal con Ali?
-Bien, como siempre, ¿por qué?
-No se, parece que está mejor contigo, conmigo siempre discute.
-Porque no te cuidas. Ayer me dijo que el día menos pensado te vas de verdad. Y tiene razón, sobre todo porque tienes el cráneo muy abierto, si pierdes todo el cerebro será irreparable.
-¿Ali se preocupa por mí? Qué novedad... No es para tanto, al fin y al cabo lo guardo bien. O tengo suerte. Una de dos. Quizá las dos cosas...
-¡Cómo no se va a preocupar por ti! Somos amigos tío, y no se trata de tener suerte o no Rob, mírate -le digo seriamente. -Estamos buscando tu brazo, el cual has perdido en un pogo, y te preocupas de buscarlo ahora.
-Pero Zed, no iba a cortarme el rollo a mí mismo para buscar mi brazo. Tú no te compliques, lo tengo todo controlado -me dice, dando a entender que no quiere hablar más del tema.
Seguimos buscando y al rato Rob encuentra su brazo. Lo tenía un grupo de zombis y estaban jugando con él a la Ouija, por lo que él, animado, se une a ellos. Me dice que me una a sus recientes amigos pero declino la invitación, pensando en cómo debe estar Ali.
-Sí, es mejor que vayas a ver dónde está, cuídala tú, yo para eso no sirvo -me dice con una sonrisa antes de volverse y hacer girar su propio brazo, que yace dentro de un pentágono negro.
Me dirijo hacia donde he dejado a mi amiga sin saber interpretar las palabras de Rob. Nuestra conversación me ha dado qué pensar y estoy hecho un lío. Es cierto eso de que si le das muchas vueltas a un tema estando fumado, acabas obsesionándote y no piensas con claridad, y yo lo estoy sufriendo ahora mismo. Escucho una voz cercana a mi:
-Tío... ¿tienes más pollo? -es el zombi gordo que nos resucitó. Parece que está en todos sitios.
-No, te di todo lo que tenía -le respondo.
-Vaya... ¿y me presentas a tu amiga? -me pide con su cara de imbécil. La petición me molesta en cierto modo, por lo que me alejo sin responder, dejando al zombi gordo con las palabras en la boca. Llego a donde está Ali, la cual parece muerta. Me agacho a su lado y rebusco entre su pelo hasta que encuentro el agujero en su cráneo, meto un dedo y hurgo en su materia gris. Se estremece y abre los ojos, me mira y sonríe.
-Buenos días... ¿cuánto tiempo ha pasado? -me pregunta sentándose a mi lado.
-No lo sé, he estado buscando el brazo de Rob un rato largo, y al final se ha quedado con unos zombis que lo tenían y están jugando a la Ouija juntos -respondo.
-¿Está bien?
-Claro, Rob siempre está bien -le digo desviando la mirada. Ella se extraña y me coge la cara.
-Zed, ¿estás colocado aún? -dice. Sus ojos se clavan en los míos. Los gusanos en mi cuerpo reptan y se escapan.
-Sí, si... anda, levanta y vamos a preparar nuestras cosas para irnos.
Llegamos a la tienda y Ali entra primero. Cuando acabamos de recoger, se gira y me dice.
-Zed, ¿te pasa algo con Rob?
-No, ¿qué me iba a pasar? -respondo. Ella vuelve a clavarme sus ojos y yo lío un porro.
-¿Qué has sacado de esta experiencia? Para el artículo del periódico. -pregunta.
-Aún no lo sé, he de aclararme respecto a todo lo que ha pasado -le digo.
-Entonces... ¿todo está bien? -me pregunta con un tono de voz preocupado.
-Sí, todo está bien... -respondo, para nada convencido de mi respuesta. Ha sido un fin de semana agotador en todos los sentidos, y sólo tengo ganas de morir en mi ataúd, o quizá irme, es otro punto en el me he de aclarar también.>>

     <<Día 3 de 3 (Domingo, noche): Acabo de enviar mi artículo al periódico, por lo que me siento en mi ataúd y arranco de cuajo mi corazón. Casi no tiene gusanos, lo cual me extraña. Desde la conversación con Ali me siento raro. No es amor ni nada, es sólo eso, que me siento raro respecto al mundo. Nuestra conversación ha sido un detonante para algo que se dice que les pasaba a los humanos. Creo que se le solía llamar <<crisis existencial>>, o algo así. Debería hablar con Rob, el cual parece la antítesis a ese sufrimiento, pero no tengo ninguna gana de abrirme a él. En contrapunto, el sabor de una bala en la cabeza me parece más apetecible.>>

Anexo final: <<Sí, quizá sea hora de irse.>>

No hay comentarios:

Publicar un comentario