Ahora que me ha dado por hacer acrósticos y haikus, me sale ésto de esas veces que escribes a punto de dormirte pero con la insana necesidad de dejar testado lo que se te pasa por la cabeza para no despertar a la mañana siguiente cabreado por no recordar qué sentiste cuando estabas dando el paso que te lanza del acantilado que es la vigilia al mar que es el sueño.
<<Las sábanas tienen un sabor maldito;
odio sentir el roce de tu sombra
cuando el crujido sordo del reloj
une los minutos y segundos imparable,
rasgando el espacio, implosionando
alejandose de tiempo, creando momentos.
Decía el universo de darnos vida,
entonces aún el corazón hablaba
sincero e hilando sentimientos,
alienando los miedos más crueles
mientras paseábamos por calles
otrora llenas de luz, ora vacías de un amor
roto y pasado de fecha, muy caducado.
Renacer en esta cama podrida se antoja
en exceso un logro sin gloria,
no importan los pliegues del somier
ahora que no soportarán tus esqueleto...
¡cadáver exquisito el nuestro!, pues,
entre todos esos días de lluvia ácida,
raudo llena el baúl de vidas que pudieron ser.>>
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